Es el primer día de clases, son casi las ocho de la mañana y Simón se encuentra sentado en la mesa de una pequeña tienda ubicada en una plazoleta al aire libre. Está esperando a que lleguen sus dos mejores amigos. Mientras tanto y como desayuno, Simón enciende un porro el cual se lo había robado a uno de ellos durante la fiesta de la noche anterior. Para acompañarlo, compra una cerveza bien fría; aunque es temprano en la mañana, el calor típico de esta ciudad comienza a manifestarse.
Rápidamente y en pocos tragos termina su primera cerveza para luego limpiar su boca con las mangas de su saco. Al parecer, no se ve muy preocupado por ser el primer día de clase así que decide pedir otra cerveza.
Una vez más termina con la cerveza en pocos tragos. Mientras se soba la barriga, emite un fuerte eructo justo en el momento en que dos señoras pasan por su lado.
-¡Cerdo!
¿Insulto?, ¿Halago?, cualquiera que sea a Simón no parece importarle.
Observa el sol, fuma un buen plon, y mueve su cabeza como si estuviera cansado.
Está ansioso, siente que algo va a suceder, así que espera... Un nuevo plon y observa a su alrededor. Ve carros pasar, personas haciendo ejercicios, se escucha el frenazo de los buses que a esa hora llevan a las personas a sus trabajos, las motos pitan, ambulancias pasan, la construcción de la esquina quebranta incesablemente sus oídos al taladrar la calle. Simón simplemente está esperando una señal. Algo que lo impulse a comenzar eso que él no sabe que es, pero que siente que está muy próximo.
Pide otra cerveza. Mientras se la toma observa que en medio de la calle hay una bicicleta tirada. Justo cuando piensa que eso produciría un accidente un carro que se acerca a gran velocidad pasa por encima de ella, haciendo que el conductor pierda el control del vehículo y se estrelle contra un bolardo que hay en el anden muy cerca de donde él está.
Inmediatamente la risa lo invade y le queda casi imposible disimular lo divertido que le pareció haber presenciado aquel accidente.
Del vehículo sale un señor de unos cincuenta años, furioso por que debido al accidente va a llegar tarde al trabajo. Mientras algunas personas se acercan para ver si se encuentra bien, el señor se queja y maldice en repetidas ocasiones mientras observa el daño que ha sufrido su carro. Éste rápidamente se le acerca a una anciana que está muy cerca del vehículo y de forma agresiva le pregunta que si vio que fue lo que pasó, a lo cual, la señora responde que no vio nada. Él insiste en que la señora le diga lo que vio mientras que ella muy confundida y asustada mantiene su posición de no haber visto nada.
El señor la insulta de todas las formas conocidas y le pide el teléfono para que sea testigo y cuente todo lo que vio.
Es en este momento cuando Simón aparece detrás del señor, sobando su cabeza aparentemente ensangrentada y cojeando. Se ve confundido y le pregunta al señor del carro que fue lo que ocurrió.
El señor del carro, muy alterado, le pregunta si esa bicicleta es de él. A lo que Simón responde que él le estaba haciendo señas para que lo viera y que el no quiso reducir la velocidad.
Después de discutir por un momento, Simón lo acusa de haber destruido su bicicleta y de haberlo atropellado de forma adrede. El señor se defiende diciendo que no tiene ningún testigo que lo haya visto atropellándolo así que él no va a responder por algo que no ocurrió.
De repente, la anciana a la que el señor del carro había insultado anteriormente, interfiere en la discusión y dice que ella si vio lo que pasó, y que es exactamente como Simón dice. El señor del carro lo atropello y ahora Simón está sangrando.
Simón amenaza con a llamar a la policía ya que es un delito abandonar la escena de un accidente.
El señor del vehículo, al verse presionado por Simón y por la señora, se tranquiliza un poco y le ofrece a Simón una alternativa para arreglar el problema sin necesidad de que pase a mayores. De su billetera saca varios billetes para que Simón pudiera comprarse una bicicleta nueva. Afanosamente, este insiste en que reciba el dinero.
Pero Simón se detiene y queda petrificado cuando ve por la ventana del pasajero del vehículo accidentado a una joven, quien mientras fuma un cigarrillo también lo observa fijamente.
Simón recibe el dinero mientras la chica sale del auto. Él se queda mirándola y ella lentamente se acerca a él. Es como si se hubiera detenido el tiempo. En el fondo el señor bastante angustiado porque no lo denuncien con la policía repite varias veces
- Perdonar y olvidar.
La joven se acerca suavemente al rostro de Simón, y con su dedo pasa recogiendo la supuesta sangre causada por el accidente. Mirándolo fijamente a los ojos se chupa el dedo, lo saborea y dice:
- Dulce, tomate.
José Luis, algunas cositas para corregir que miramos directamente en clase, el encuentro final imagino que será determinante en la historia, el tono que tiene hasta ahora es muy agradable, aunque como te digo hay que hacer algunas correcciones de redacción y ortografía.
ResponderEliminarSeñorito, si esto sigue así está próximo a ser descolgado por poco, poquísimo trabajo.
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